Cuenta la leyenda que en el fondo de la laguna de Guatavita, se escondía un tesoro que obsesionó y llevó a la ruina a muchos renombrados colonos españoles que hicieron más de un intento por encontrar las maravillosas piezas de oro, esmeraldas y otras piedras preciosas que, según los relatos, los indígenas que habitaban estas tierras arrojaban en ofrenda a sus deidades.

La historia contaba que los muiscas, para ungir a su nuevo líder o Zipa, cubrían su cuerpo con polvo de oro y lo embarcaban en una balsa de juncos; a sus pies, una gran ofrenda de metales y piedras preciosas que eran abandonadas en medio de la laguna, gesto que era imitado por sus súbditos en la orilla del imponente cuerpo de agua, mientras el nuevo jefe salía victorioso.

Dando crédito a esta supuesta tradición, muchos fueron los exploradores que llegaron hasta lo que hoy se conoce como Guatavita, con la idea de encontrar y apropiarse del enorme tesoro que supuestamente yacía en el fondo de su laguna. Expediciones que llegaron a rozar en la locura, pues quienes las emprendieron pensaron incluso en vaciar la laguna, para recuperar el mítico oro.

Además la leyenda se hizo cada vez más grande, tanto que incluso llegaron a afirmar que los indígenas americanos escondían una ciudad hecha de oro y gemas, un mito que llamaron ‘Eldorado’, y es más decían que una de las claves para encontrarla se escondía en la laguna de Guatavita.

Los rastros de la leyenda

4460109625_a3eecfa5a9_zHoy por hoy sabemos que la laguna de Guatavita efectivamente era uno de los lugares de adoración del pueblo chibcha; que sí se reunían allí para rendirle culto a la diosa que, según su cosmovisión, habitaba la laguna y era responsable de la fertilidad de sus tierras. Pero hasta ahora no se tienen evidencias ciertas de la existencia de un tesoro, sólo algunas piezas encontradas que reposan en el museo de oro de Bogotá pueden indicar que hay algo de cierto en las leyendas.

Entre los objetos que se han recuperado, no precisamente de la laguna, se encuentra la balsa de Eldorado, una pieza de orfebrería muisca encontrada en el municipio de Pasca, Cundinamarca. En esta pieza se describe gráficamente una ceremonia de iguales características a las que contaban los relatos antiguos, que tal vez jamás podremos confirmar o negar con suficiente certeza.

Armonías de lo natural

Lo que sí sabemos es que en Guatavita sí existe una conexión mística, una armonía infinita que se siente no más acercarse a las tierras que circundan la laguna. Es como si la tierra cantara para nosotros, notas de una melodía que nos inspira paz.

Realizar caminatas por estos territorios, visitar la blanca población cuyo compás parece vibrar al mismo ritmo de la naturaleza, hacer yoga en una de las fincas aledañas, entre otras muchas alternativas que ofrece el lugar, es una experiencia de renovación e infinita paz, un tesoro que tal vez los expedicionarios, por su ambición, nunca supieron apreciar.