Aunque tú no lo notes, cada vez que viajas estás aportando a un importante renglón de la economía del territorio que visitas. El turismo es una de las fuentes que mayores ingresos genera a las regiones, sobre todo en Colombia, dado que los encantos de esta tierra atraen visitantes a escala nacional y global.

Sin embargo, la industria turística también genera un fuerte impacto cultural y ambiental, sobre todo aquellos grandes proyectos hoteleros que se emplazan en lugares de belleza exótica, con el fin de brindar opciones de alojamiento a los viajeros que quieran conocerlos.

Estos sitios de gran atractivo turístico, que incluyen playa, sol y mar, como Cartagena, Santa Marta, San Andrés; se convirtieron en sede de grandes cadenas hoteleras, que con su sola llegada modificaron sustancialmente las dinámicas sociales, ambientales y culturales de estas ciudades.

No obstante, por décadas, este crecimiento se dio sin control y las comunidades y territorios sufrieron los rigores de la falta de vigilancia y planeación, lo que creo caos y en últimas terminó alejando a los visitantes que también sentían el desgaste del turismo tradicional que vivía un terrible fenómeno de estandarización de la oferta, es decir “más de lo mismo para todo el que nos visite”.

Esta falta de creatividad y los procesos de degradación social en los destinos obligaron al Estado a poner sus ojos en este renglón de la economía para garantizar su evolución en pro del sostenimiento de las regiones.

El encanto de lo natural y las alternativas sostenibles

kuang-si-falls-463925_640Entonces surgió toda una ola de turismo sostenible, que primero se centró en ofrecer experiencias en destinos diferentes, o en los mismos sitios pero con una perspectiva distinta, más concentrada en lo ambiental. Fue el momento en que, por ejemplo, Santa Marta dejó de mirar sólo hacia el Rodadero y descubrió el potencial de maravillas como Playa Cristal, Cañaveral – Arrecifes, Bahía Concha y muchas otras que hoy podemos visitar en sus alrededores.

Asimismo, otros destinos que se habían mantenido ocultos por la delicada situación de orden público que se vivía en regiones como Meta y Caquetá, fueron saliendo a la luz para deslumbrar a los visitantes nacionales e internacionales con la belleza de sus parajes. Es el caso de Granada, Meta, un destino de profundo encanto, donde el turista puede vivir actividades de aventura como el rafting en el río Ariari o disfrutar del descanso en sitios como las Piscinas del Guejar.

Situación similar vivió Caño Cristales, este trozo de paraíso cercano al municipio de la Macarena, no resultó difícil de promover como destino turístico, pues el encanto de los cinco colores de sus aguas y el exuberante paisaje que exhibe, fueron argumentos suficientes para posicionarlo como uno de los lugares más atractivos de la geografía colombiana. Sin embargo, en los territorios aledaños al que han llamado el ‘río más bello del mundo’, los visitantes no se pueden perder el espectáculo de Caño Canoas, Siete Machos y Caño Indio, tres sitios que compiten en belleza y biodiversidad con el popular Cristales.

No podemos dejar de mencionar al Caquetá, un destino en el que los visitantes pueden vivir experiencias ecológicas y de aventura en un entorno selvático que ofrece parajes poco explorados y una experiencia directa con la riqueza natural de este departamento.

De eso se trata, de crear experiencias para que cada tipo de turista encuentre una nutrida oferta de servicios que se adapte a su demanda y que además le permita vivir experiencias diferentes de una región a otra, así siempre existirá algo por hacer y cosas por descubrir.

Destinos y comunidades sostenibles

20160108_150830Pero no se trata solamente de ofrecer nuevas experiencias al turista; el interés gubernamental era también generar iniciativas sostenibles e incluyentes que realmente apuntalaran e impulsaran la constante evolución de la industria turística en las regiones.

Involucrar a los locales en el desarrollo e implementación de los servicios turísticos permite que este renglón de la economía deje ingresos a la población, no sólo convirtiéndolos en empleados si no en dueños de negocio y generadores de nuevas opciones de empleo. De esta manera, se formaliza y reglamenta una oferta que crecía sin control y además sin las adecuadas medidas de protección al viajero.

Así, en muchos de estos nuevos destinos no existen grandes complejos hoteleros, si no que los propios pobladores han adecuado sus casas y fincas para ofrecer al turista alojamiento, alimentación, guía y demás servicios; con calidad y además sumándole la calidez humana de los habitantes de la región.

Aunque en algunos territorios también existe la presencia de cadenas hoteleras reconocidas, ellas igualmente se adaptan a esta onda ambiental, usando en su construcción materiales reciclables, paneles solares para su sustento energético y demás mecanismos alternativos para surtir la demanda de comodidades de sus huéspedes.

De esta manera también se protegen los delicados ecosistemas que son la vida y el alma del turismo en cada territorio; al comprender la importancia de su cuidado y sostenibilidad, los mismos pobladores son los encargados de liderar y aplicar estrategias con el objetivo de conservar las joyas naturales que sustentan el turismo de su región.

Por tal razón, el turista aprende una nueva forma de relacionarse con el entorno que visita, goza de la belleza que ofrece y además vive una experiencia que querrá repetir y recomendar.

Así que ya sabes, escoger opciones de viajes y servicios turísticos amigables con el planeta es otra característica de quienes integramos esta comunidad de turismo inteligente.