Volar es una de las fantasías del ser humano, soñamos con experimentar la sensación de las aves, que surcan los cielos por sus propios medios, sin que ningún artefacto se interponga entre ellas y el viento.

Esta búsqueda de nuestras propias alas, ha gestado varios de los artefactos que hoy por hoy son usados como vehículo de adrenalina en actividades que despiertan las emociones más extremas.

Sí señores, porque aunque volar es una de las actividades que despierta mayor placer y sensación de libertad, también produce un temor paralizante, pues al estar en el aire, a una altura bastante considerable, dependemos de un dispositivo externo que de llegar a fallar, ocasionaría fatales consecuencias.

Más allá de los instintos

imagen_destacada skydiveEste temor es más que natural, de hecho nace del instinto de conservación que nos protege como especie. Sin embargo, los avances tecnológicos en materia de artefactos que nos mantienen en vuelo y la masificación de las actividades deportivas que implican navegar por los aires a miles de pies de altura, han hecho que cada vez sean más los que están dispuestos a desafiarlo.

Y como es costumbre, detrás de cada desafío superado hay una redescubrimiento de sí mismo, del sentido de la libertad, de valor que pensabas que tenías y del que realmente tienes. Porque decidirte a saltar al vacío es completamente un acto de fe.

No importa si el vuelo es en paracaídas, parapente o ala delta, ninguno es infalible, pero realmente ¿es la vida algo 100% seguro? Aunque estés en tierra, caminando por las mismas calles que transitas diariamente, siempre hay riesgos a tu alrededor, pero no los notas porque son cotidianos. En cambio volar es algo que no haces todos los días, por eso vale la pena vencer el miedo.

La inmensidad te transforma

paracaidismo_skydiveTomar la decisión es lo más difícil, no la de subirse en el avión para saltar en paracaídas o descender la colina atado al parapente, si no la de desprenderse de todo y disfrutar el momento. Sentirás el vacío intenso en tus entrañas y un fuerte deseo de no morir.

Pero cuando se abra el paracaídas y la caída libre se detenga, o cuando empieces a ganar altura en el parapente, y la tierra se extienda diminuta bajo tus pies, llegará un momento de calma y paz infinitas, uno de esos instantes en que todo, hasta tu mente, se silencia.

Luego ya no verás la vida igual, algo cambiará en ti, en tu manera de ver la vida o en cómo te ves a ti mismo. Y querrás siempre regresar allí, porque aunque sea con alas artificiales te has elevado sobre tus miedos.

Así que deja de soñarlo y atrévete a vivirlo.